CALAS

Sebastian Schwecke: Los trabajadores del sector informal desarrollan saberes muy sofisticados para sobrevivir

El director del Max Weber Forum for South Asian Studies visitó la UNSAM en el marco del Simposio CALAS “Saber cómo trabajar. Trabajo global y conocimiento (disruptivo)”. En esta entrevista, reflexiona sobre las transformaciones del trabajo en contextos de creciente precarización e informalidad, analiza el papel de la confianza en los sistemas económicos y cuestiona la centralidad de los modelos del norte global para pensar el trabajo en la actualidad.

La transformación del trabajo a escala global hoy exige revisar no solo las condiciones laborales, sino también los modos en que se produce y circula el conocimiento. En ese marco, la visita de Sebastian Schwecke a la UNSAM, en ocasión del Simposio CALAS “Saber cómo trabajar. Trabajo global y conocimiento (disruptivo)”, abrió una serie de preguntas sobre las formas contemporáneas de trabajar en contextos atravesados por la precarización, la informalidad y la incertidumbre.

Historiador y especialista en la intersección entre historia social y económica y antropología económica, Schwecke —quien reside en Nueva Delhi y es director del Max Weber Forum for South Asian Studies— ha centrado su trabajo en comprender cómo los actores económicos navegan la incertidumbre y construyen relaciones sociales en torno a ella. Sus investigaciones abordan temas como los mercados, el crédito y la deuda, la confianza, la obligación y la toma de decisiones económicas, así como sus vínculos con el trabajo.

Desde esta perspectiva, propone desplazar la mirada desde los modelos tradicionales del norte global hacia experiencias que, lejos de ser excepcionales, podrían anticipar tendencias más amplias. El “saber cómo trabajar”, señala, remite a un conjunto de conocimientos situados que resultan fundamentales, especialmente en contextos informales, donde la supervivencia depende de habilidades no reconocidas formalmente, redes de confianza y estrategias cotidianas de adaptación.

En la entrevista también reflexiona sobre el papel de la confianza en los sistemas financieros, tanto formales como informales, las ambivalencias de la automatización y la inteligencia artificial, y las formas en que el conocimiento puede tanto reproducir como tensionar relaciones de explotación. En este sentido, introduce la idea de un “conocimiento disruptivo” que, incluso en condiciones adversas, puede habilitar márgenes de acción y formas de resistencia en el mundo del trabajo contemporáneo.

 

¿Cómo definiría hoy el “saber cómo trabajar” en un contexto de transformaciones tecnológicas y laborales tan aceleradas?

Para mí, el conocimiento es central en todo lo que investigo, ya sea sobre trabajo, mercados u otros temas. La razón es que las personas experimentan el mundo a través de su conocimiento sobre cómo deben comportarse, y el “saber cómo trabajar” pone de relieve la importancia que el conocimiento tiene en la vida de las personas. Esto se vuelve aún más evidente cuando miramos el trabajo informal. Solemos pensar que se trata de personas poco calificadas, y eso es completamente erróneo. En realidad, son altamente calificadas, aunque no de manera formal, porque desarrollan saberes muy sofisticados para sobrevivir. Y eso es fundamental. Este “saber cómo trabajar” también aplica al sector formal, a las grandes empresas o a los puestos gerenciales. Pero cuanto más precarias e informales son las condiciones, más crucial se vuelve ese conocimiento. Por eso quisimos abordar este tema en el simposio. Además, entre Asia del Sur y América Latina hay muchas similitudes, y nos interesaba reunir a ambas comunidades académicas para discutir algo que es tan relevante en nuestras regiones.

Gran parte de su investigación se centra en economías informales. ¿Qué revelan estos espacios sobre el trabajo contemporáneo que los marcos formales tienden a pasar por alto?

Los marcos formales parten de una situación histórica excepcional. Soy historiador, y la idea de que Europa noroccidental o Estados Unidos representan el modelo al que todos los demás países deberían llegar es equivocada. Incluso en esos lugares ese modelo no es la norma histórica sino una excepción que duró alrededor de cien años y que hoy está en retroceso. En muchas partes del mundo vemos emerger nuevas formas de modernidad que no siguen ese modelo. Y eso es completamente normal desde una perspectiva histórica. Es probable que incluso en países del norte global aumenten la precariedad y la informalidad en la vida cotidiana. Algo como la experiencia laboral en Argentina podría volverse más representativo de lo que hoy ocurre en lugares que han tenido condiciones más favorables. Por eso es fundamental tomar en serio lo que sucede en contextos como éste o como India. Son situaciones de las que debemos aprender, para evitar ciertos escenarios, pero también para saber cómo enfrentarlos cuando se vuelvan la norma en otros lugares.

Usted investigó sobre la confianza y reputación en sistemas de crédito extralegales. ¿Cómo se reconfiguran estas dimensiones en plataformas digitales y economías globalizadas?

Yo abordo los mercados y el crédito desde la comunicación. Los mercados son espacios donde se comunican valores, pero también confianza. Esto es especialmente claro en el crédito, que siempre está orientado al futuro, hay riesgo de incumplimiento, hay expectativas, hay incertidumbre. En las economías informales, esto es muy visible, todo depende de la confianza y la reputación. En cambio, en las plataformas digitales o en el sistema bancario formal, existe la ilusión de que la confianza no es necesaria. Uno firma un contrato y asume que todo está resuelto. Pero si uno leyera la “letra chica”, encontraría más razones para desconfiar que para confiar. El sistema funciona sobre la base de que todo irá bien, pero vivimos en un mundo donde las crisis son frecuentes. En países como Argentina o India esto es evidente, la gente sabe que el sistema puede fallar y por eso mantiene alternativas. El problema es que en el ámbito formal dejamos de pensar en la confianza, como si no fuera necesaria. Pero sigue siéndolo.

¿Qué formas de conocimiento considera realmente disruptivas en el mundo del trabajo actual?

El concepto fue pensado de manera abierta. No se trata solo de conocimiento disruptivo, sino del conocimiento en el trabajo, donde lo disruptivo es una dimensión posible. Por ejemplo, la formación de habilidades no es necesariamente disruptivo, pero también es importante. En el caso de la informalidad, muchas personas están obligadas a esforzarse al máximo para sobrevivir, incluso colaborando con quienes las explotan. En un trabajo reciente llamé a esto la “coproducción colusoria de explotación” (collusive co-production of exploitation), cuando los explotados tienen que cooperar con sus explotadores para que el sistema funcione. Pero también hay otro aspecto. En ese proceso, las personas adquieren un conocimiento profundo de las relaciones sociales en las que están insertas, y eso puede darles cierto poder. Ahí aparece el “conocimiento disruptivo”: la posibilidad de usar ese saber para alterar, aunque sea parcialmente, las condiciones de explotación. En términos de (el antropólogo) James Scott, se trata de las “armas de los débiles”.

A partir de su experiencia en el sur de Asia, ¿qué aportes le parece que pueden hacerse desde esa región al debate global sobre el trabajo?

Creo que estas experiencias sobre las que he investigado representan, en muchos sentidos, la norma histórica del trabajo. Sin embargo, la formación académica suele enseñarnos lo contrario, que el modelo europeo o norteamericano es el estándar. Si observáramos tanto al Sur Global como observamos al Norte, entenderíamos mucho más sobre la vida social en general. Pero las jerarquías globales de poder hacen que estas perspectivas sean menos visibles. Desde mi experiencia, estudiar estos contextos es fundamental para comprender no solo esos países, sino también los nuestros.

Frente a la automatización, la precarización y la globalización, ¿qué transformaciones del trabajo considera más urgentes para comprender?

Es difícil responder con certeza. En el caso de la inteligencia artificial, todavía no sabemos bien qué puede hacer, ni qué trabajos reemplazará. Muchas inversiones en este campo se basan más en expectativas que en realidades comprobadas. La automatización, en cambio, es más comprensible. Pero incluso allí, las personas desplazadas suelen encontrar nuevas formas de subsistencia, muchas veces en la informalidad. Hay una gran capacidad humana para adaptarse. En cuanto a la globalización, está bajo presión, y eso podría modificar la forma en que entendemos la interconexión mundial. Sin embargo, no creo que eso reduzca la precarización. Al contrario, la precarización avanza a gran velocidad en todo el mundo, incluso en regiones que aún conservan altos niveles de bienestar. Y es probable que en las próximas décadas se intensifique aún más.

Por Verónica Engler
Fuente: Noticias UNSAM

Fecha: 
Lunes, Abril 27, 2026