Michele Ferris Dobles es investigadora en comunicación y documentalista de la Universidad de Costa Rica. Su trabajo de investigación se centra en las intersecciones entre las tecnologías de la comunicación, las infraestructuras mediáticas y la movilidad humana. Actualmente es fellow del Laboratorio de Conocimiento «Una región en movimiento: Movilidades humanas aceleradas y circulaciones múltiples en América Latina y el Caribe» en la sede principal del CALAS. En esta entrevista nos expone los avances de su investigación durante su estadía en Guadalajara durante el primer semestre del año.
El plano físico de la migración es lo que usualmente se ve, pero en tu proyecto de investigación planteas que también coexiste el plano de las emociones, de lo simbólico. En este sentido ¿cómo se transita el espacio físico de la migración a partir de las emociones, los miedos, la esperanza, lo simbólico?
Michele Ferris: Usualmente, a la hora de investigar la migración se piensa en los espacios físicos o materiales. Estos espacios suelen ser los albergues, los pasos fronterizos, oficinas de migración, carreteras e inclusive estaciones de buses, los buses o los trenes. Estos espacios físicos están muy relacionados a las experiencias de la migración pero también hay espacios son más simbólicos, emocionales, así como también coexisten los espacios digitales que juegan un papel importante en las experiencias migratorias contemporáneas.
Por ejemplo, los espacios digitales que se construyen a través de un grupo de Whatsapp, un chat de de Facebook o por Instagram y las redes sociales siguen siendo espacios significativos. Porque es ahí donde las personas mantienen conexiones a través de la distancia física a través de las fronteras y las barreras geográficas y en estas conexiones las personas comparten información, apoyo pero también comparten afectos que cruzan las fronteras. Por lo tanto, podríamos pensar en los espacios de la migración como espacios complejos que existen simultáneamente, que pueden ser estos espacios físicos y materiales, pero también los digitales en donde, pues, se amplifican las emociones y también la pertenencia identitaria y cultural de las personas que están migrando.
Propones el concepto de Nepantla como parte de tu marco teórico- metodológico, ¿nos podrías explicar en qué consiste este concepto?
MF: Justamente intentando comprender los múltiples espacios y las experiencias de la migración contemporánea, empecé a buscar conceptos que pudieran describir. No podemos estudiar la migración desde algo dual o dicotómico. Entonces me preguntaba qué concepto puede describir esta realidad tan compleja. Notaba que los conceptos más occidentales y tradicionalmente utilizados por la academia tienden a abordar la migración desde esas dualidades o dicotomías y fue cuando encontré el concepto de Nepantla, que es un concepto en náhuatl que lo profundiza la teórica artista y activista Glorian Zaldúa, una mujer chicana que desarrolló mucho este concepto para describir los espacios intermedios. A partir de esto, vemos que el concepto de Nepantla logra describir espacios intermedios, liminales que están en espacios simultáneos.
Con el nepantla, podemos entender que las personas actualmente habitan tanto espacios materiales y físicos como espacios digitales, espacios emocionales y culturales. Entonces es un concepto que trasciende las dualidades y también describe espacios intermedios que para mí es muy importante, porque estoy desarrollando mi investigación en la ciudad de Guadalajara, México, la cual es considerada un espacio intermedio, ya que las personas no pueden ingresar a los Estados Unidos por las políticas restrictivas así como el cierre total de la frontera pero tampoco pueden regresar a su país de origen, porque las condiciones estructurales de inseguridad, pobreza y riesgo no han sido resueltas.
Encontramos a una gran parte de la población migrante esperando en terceros países o terceras ciudades, como lo puede ser la ciudad de Guadalajara, específicamente el albergue FM4 Paso Libre o El Refugio. La ciudad se vuelve un espacio intermedio también de esperanza, de planes, de sueños, porque, a pesar de que la gente está en esta ciudad intentando regularizarse, vivir una Vida digna y adaptarse, continúan con el sueño de ir a Estados Unidos o en algún momento regresar a su país de origen. Considero por esta situación que el concepto de Nepantla me ha funcionado bastante para entender las diferentes dimensiones y espacios de la migración y, sobre todo, lo que me ha enseñado ese concepto es a pensar más allá de las dicotomías y las dualidades. También me ha ayudado a entender la migración como una experiencia social más compleja en donde conviven simultáneamente diferentes espacios tanto físicos como no físicos.
Respecto a los espacios digitales y cómo se transforman las redes sociales, ¿qué papel juega el espacio digital a la hora de pensar en las posibles herramientas que usan las personas migrantes?
MF: A mí me gusta estudiar la comunicación y el uso de la tecnología desde un enfoque más sociotécnico que lo que invita es a pensar que, cualquier usuario, cualquier comunidad, se apropia de la tecnología de acuerdo a sus necesidades.
En la experiencia migratoria, el teléfono celular inteligente, la tecnología, los medios y la comunicación es muy importante porque le permite a la persona estar en comunicación casi que directa y en tiempo real con sus familiares, tanto en sus países de origen como en el país de destino. Es a través de esta comunicación que se comparte una experiencia muy vital, como decir “estoy bien”, “estoy con vida”, “estoy con salud”. Esta comunicación ha adquirido una dimensión afectiva muy importante. Por esto los albergues también se han convertido en espacios de comunicación y de tecnología y estas llamadas son importantes para mantener la comunicación, para mantener el afecto a través de las fronteras.
En investigaciones que he realizado en el pasado, me he dado cuenta que hay una dimensión muy importante de la ubicación y de la navegación, pero que también se conecta con lo que decía de los afectos y la solidaridad, porque un punto en un mapa no funcionaría. Es más como una estrategia de navegación híbrida, yo diría, porque se utilizan mapas digitales al mismo tiempo que se utilizan infraestructuras físicas para movilizarse como el tren o las carreteras, los autobuses. Ahí también vemos muy representado el Nepantla, como una mezcla de comunicación digital con las infraestructuras físicas, que han moldeado la migración actual y la navegación.
La tecnología, al analizarla desde un enfoque sociotécnico, vemos que tiene usos que son tanto positivos, más hacia el empoderamiento, hacia la información, hacia la solidaridad, y como usos que se vinculan más a la explotación, a la violencia y a los riesgos. Creo que es también importante analizar la tecnología de el nepantla que se aleja de esas dicotomías de la tecnología como buena o mala, o la tecnología salvavidas supone vidas en riesgo, pues,el mismo nepantla lo que busca son esos intermedios, esas complejidades. En otras palabras, el neplanta nos permita analizar la tecnología como algo que simultáneamente puede ser esperanzador, pero riesgoso.
Para terminar, la última pregunta tiene que ver con justo estas dicotomías que la migración se piensa como el lugar de origen y el lugar de destino entonces, a partir de esto, ¿por qué la experiencia migratoria se encuentra en los espacios intermedios que ocurren en el camino?
MF: Para responder esa pregunta, hago énfasis en haber estado trabajando en Guadalajara y en los albergues de Guadalajara. Esta experiencia ha sido muy importante porque actualmente estamos viviendo un contexto de una migración bastante inmóvil y lo he conceptualizado un poco hacia la migración de la espera.
Al estar en este espacio intermedio que puede ser México, o puede ser Costa Rica, el país de donde yo soy, nos permite analizar la migración desde el intermedio y no desde el espacio del lugar de destino, que ha sido, un enfoque bastante tradicional de los estudios de la migración. Entonces, ¿cómo entender los espacios intermedios? Actualmente, en los albergues, hay familias que llevan viviendo de tres a ocho meses, esperando regularizarse y en general, hemos notado mucha espera. También es importante decir que esa espera no es vacía ni pasiva, porque mientras las personas están en esta situación, se están capacitando. Yo veía personas que estaban haciendo entrevistas de trabajo, estaban llevando clases de inglés en línea o se estaban organizando entre ellas. Es importante ver esos espacios intermedios también como espacios activos, llenos de creatividad y de agencia, por lo que muchas veces esos espacios intermedios pueden ser en movimiento. Pero por el contexto político actual, ese espacio intermedio está tendiendo a ser de la espera y muy inmóvil.
Estudiar la migración desde la inmovilidad, en los albergues de la ciudad de Guadalajara, ha sido muy interesante para entender estos intermedios. Esta inmovilidad, que también algunas personas académicas lo llaman atrapamiento, es producto verdad de las políticas restrictivas migratorias, es producto de la discriminación para ciertas personas de cierto acceso económico y de ciertas nacionalidades que les dificulta aún más movilizarse. Por lo tanto, la inmovilidad, la espera y el atrapamiento que estamos viendo en los espacios intermedios no es algo neutral, sino que es producido deliberadamente por las políticas antimigratorias, por ejemplo, lo que Estados Unidos comenzó a hacer cerrando las fronteras, implementado a ICE y todas las políticas restrictivas desde el 2025.
Entonces estas ciudades se convierten en espacios de mucha esperanza y espacios activos en donde la gente transforma sus sueños, se adapta. Al final, los albergues, especialmente en un tercer país, en este espacio intermedio son un espacio bastante activo y creo que la experiencia aquí me ha abierto muchola oportunidad de poner en práctica empíricamente ese concepto del Nepantla.
Entrevista por:
Abi Valeria López Pacheco



