Transiciones entre la violencia y la paz en América Latina

El Laboratorio estudia el carácter transicional de la paz. En este sentido, la paz no se entiende como un estado al que se pueda llegar de forma definitiva, ni como el punto cúlmine de cierto desarrollo de una sociedad. Más bien, la paz aparece como un proceso de permanente cambio, que se ve afectado por diversos factores políticos, sociales, económicos y culturales. La paz, así, no opera como una visión trascendental, sino que, por el contrario, corresponde a un devenir inmanente, siempre relacionado de manera íntima con el contexto específico donde dicho proceso puede tener lugar.

Al dirigir el enfoque hacia la complejidad del concepto y hacia las diversas formas que puede tomar en diferentes momentos históricos, regiones y sociedades, el Laboratorio analiza las nociones históricas de la paz. Estas se entienden como paces históricamente posibles y su estudio se basa en un concepto de paz más amplio que se podría denominar “paz imperfecta” (Charles Webel 2007).

El Laboratorio se sitúa en los Estudios de Paz y Conflicto, pero al mismo tiempo hace énfasis en los Estudios de la Violencia, y es en esta combinación donde se encuentra su aporte metodológico. Específicamente, tomando en consideración el carácter transicional de la paz y la violencia en América Latina, el Laboratorio ofrece una noción crítica de la paz que intenta indagar en los aspectos violentos que la constituyen (¿paz para quién?, ¿cuán pacífica es la pacificación?, ¿es posible imponer la paz?, entre otras) y en cómo los entrelazamientos entre paz y violencia resultan clave para la compresión de ambas. Se presume que la oposición entre paz y violencia no se deja superar del todo en el sentido de una paz plena que excluya toda forma de violencia. En cambio, se trata de contener progresivamente la violencia y expandir las formas pacíficas de convivencia. Al insistir en el carácter transicional de la paz, se recupera el término en tanto expresa una crítica directa a la violencia. La paz, en otras palabras, se muestra en las múltiples resistencias activas en contra de las diversas manifestaciones de la violencia. Como no se elimina el “hecho de la violencia” de forma definitiva (Bernhard Waldenfels), la inestabilidad caracteriza a la paz, y el riesgo de que formas violentas de solución de conflictos pasen a prevalecer no se erradica. Constelaciones históricas de postconflicto muestran que, una vez alcanzada la paz (y sus formas básicas como el “cese el fuego), ella necesita ser protegida, fortalecida y ampliada.

Finalmente, el proyecto entiende que la paz, más allá de oposición al mal de la violencia, se revela, principalmente, como un bien sui generis que, con el respeto de la integridad de la esfera vital de los individuos, abre nuevos horizontes para las sociedades. Al asumirse como una norma ética, el concepto de paz resulta operativo y entrega nuevos y más variados rendimientos para una investigación científica que se propone tanto entender la crisis de la violencia que asola las sociedades latinoamericanas en el presente, como desarrollar propuestas para afrontarla.